Llegué a las telas por mi abuela.
Normita cosía: tomaba pedidos e inventaba los modelos que sus clientas le pedían.
Me gustaba verla trabajar en la mesa del comedor, marcando con jabones la tela.
Verla, despertó algo en mí.
Entrar a Bellas Artes a los diez años hizo el resto. Me permitió sumergirme en otro mundo, el mío.
Eran épocas en las que recuerdo que buscaba la imagen en el papel, parecía natural aprender así.
Años después, un regalo de un país foráneo; una tela de algodón, pintada así nomás, me enganchó para siempre.

